Cosas de reyes

por Stella Maris Zaffaroni

 

 

 

Imaginate mi casa, mes de enero, pleno verano, temperaturas de 38 grados, las ventanas abiertas, los gritos del heladero trepando por el balcón, el lavarropas funcionando todo el día...porque los parientes de Buenos Aires se vinieron para acá. Así que  la mesa del desayuno está tendida desde las 8 hasta las 11, el marido de mi hermana ronca desde las 12 de la noche hasta las 12 del mediodía, el marido de mi prima juega con el bebé en una piscina inflable en el balcón del fondo, mi hermana charla con mi prima en medio de la mesa llena de migas, manteca derritiéndose y moscas revoloteando.

La nena de mi hermana y la de mi prima de Buenos Aires, desde el balcón del frente hablan a los gritos con los nietos de la señora del 7º que están asomados en su balcón...

Yo desarmada sobre un butacón, tomo mate con Macarena

-¡Qué maravilla, cuánta algarabía!-decía Macarena al tiempo que me pasaba el mate.

-¿Verdad?- contesté con algo de languidez en la voz ¿o será cansancio?

- Esta casa siempre tan calma y silenciosa.

-Mmhummm-dije tomando el mate- Adoro los apartamentos antiguos como éste, así grande, espacioso- estaba diciendo mientras el sonido de los piecitos corriendo y de los ronquidos nos llegaban atenuados por la puerta de roble...una simple música de fondo.

Se escucharon pasos apresurados y sigilosamente se abrió la puerta.

-Ahora hay que refugiarse en el escritorio –dijo Teté al tiempo que se colaba rápidamente, cerraba la puerta y se dejaba caer en el butacón- ¡Qué lindas son las vacaciones de los parientes! ¡Adorados!...pasame un mate, che.

Y quedamos los tres sólidamente protegidos por las gruesas paredes de ladrillos “de antes” ¿vio?

En eso afuera se escucha una conmoción, parloteo, patitas que golpean el parquet...se abre la puerta y entran las nenas.  La hija de mi prima se me para enfrente y, con sus grandes ojos negros fijos en los míos  me dice señalando a la nena de mi hermana que permanecía agarrada al canto de la puerta con expresión rara en su cara.

-Ella dice que los Reyes y Papá Noel son mis padres...

Te juro que se escuchó cuando Teté tragó, que la temperatura en el escritorio bajó y la PC tuvo un parpadeo. Súbitamente eran cuatro los pares de ojos que me miraban

-Ella dice cada cosa- zafé yo mientras miraba las muecas de la hija de mi hermana que trataba de hacerme saber que ella no sabía que la otra no sabía.

-Pero ¿son mis papás?- terminó de decirlo y el ambiente  sonó como un do sostenido tocado en órgano, sostuve el aliento y con cara de nada pregunté

-¿Te parece?- y me pareció que decía una gansada mas no me salía nada...

- No sé...dice que son mis papás - agitaba su manita en el aire mientras sus ojos negros me estudiaban con atención.-... es que ella dijo cosas.

-La gente dice tantas cosas- cebé un mate y me lo chupé sin tomar en cuenta la mano extendida de Macarena...me lo tragaba o me ahogaba y  además tenía que hacer tiempo “¿Qué le digo que no le desbarate la ilusión, que no le mate los sueños... que no me ahorque la madre?”

Ella giró la cabecita y nos fue mirando de a uno: mi sobrina aferrada a la puerta era la imagen de la desgracia, Macarena tenía en la mano la panera y se refugiaba en los bizcochitos de grasa, Teté pasaba la uña por el terciopelo del tapizado del butacón y lo miraba como si ocultara algún secreto, y yo...bueno yo le brindé mi mejor sonrisa y  me tomé otro mate para pasar el mal trago.

La nena se llevó la mano a la frente y al tiempo que la deslizaba alisando el flequillo esbozó una sonrisa y dijo:

-¡Mirá si mis papás van a estar repartiendo regalos por todo el mundo! – Levantó sus brazos al cielo y soltó una carcajada gloriosa.

Y la risa reinstauró la magia en el ambiente.

 

Chichí