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¿Y ahora qué?
por Stella Maris Zaffaroni
¿Sabés?, apenas me desperté lo sentí sobre mí… (¿Qué si tengo amante? ¡Nada que ver!) Me agobiaba, me sofocaba, cubría como un poncho patrio.
Pesqué el teléfono
-Macarena, Dear-le grité a la otra que medio dormida no cazaba una-¿me escuchás?
-Ojalá no-dijo y se oyó el bostezo-¿todo bien?
-Dear ¿cómo todo bien?, ¿no sentís mi desesperación?
_Positivo-masculló- fuerte y claro.
-Me agarró-el sollozo cortó mi voz
-¿Quién?-súbitamente Macarena se despabiló.
-Me ahoga, me asfixia-gemí-
-¡Qué erótico…decile que afloje como para que disfrutes- un tono burlón sesgaba las palabras de Macarena.
-Dear estoy envuelta en el bajón como Aparicio Saravia en el poncho- gemí con mi último aliento y me dejé caer sobre los almohadones.
-Salgo para ahí –dijo y el clic puso fin a la charla
Me levanté y no me bañé porque no soporto estar limpia y deprimida. Me puse alpargatas, para poder deslizarme sobre el monolítico, pantalón tipo babucha para poder sentarme en el suelo y lentes…para poder ver porque ya no veo…percibo.
Marché para el patio del naranjo donde enfrenté la maceta vacía del naranjo…Nunca compré otro- pensé- o le cambio el nombre al patio o me voy a la feria de plantas.
Preparé mate con cedrón porque me hace acordar a mi abuela y me senté en el piso, sobre un almohadón (una cosa es bajón y otra la pavada del traste contra el monolítico helado ¿vio?)
Así me encontró Macarena.
-Pará que te saco una foto- dijo al tiempo que tomaba la cámara- porque con esa cara al lado del macetón vacío sos la imagen de la desgracia.
Y me sacó la foto nomás.
-Macarena, no respetás mi dolor- refunfuñé.
-¡Nada que ver!- me besó- lo respeto y lo registro- pescó el mate le dio una chupada y escupió en el macetón- Tomando esta porquería cualquiera se deprime- sentenció y se fue a vaciarlo en la basura.
Y yo quedé ahí, sentada en el almohadón, al pie del macetón, con la cabeza inclinada pensando que en realidad no hacía nada, que nadie me necesitaba, que todos tenían su vida al margen de la mía (¿te aclaré que tenía bajón, verdad?), que daba lo mismo estar o no…
-Chichí, parecés un girasol en tiempos de seca- se sentó a mi lado- Corré el trasero que me caigo- dijo al tiempo que se acomodaba.
-Dear, que el almohadón es chico-suspiré.
-Si hay bajón hay que apretujarse- me dijo al tiempo que me pasaba el mate- tomá, y no le vuelvas a poner cosas foráneas…
-Eran hojas de cedrón.
Las hojas pertenecen a las plantas- sentenció.
Por un rato solo fue tomar mate y sentirla junto a mí.
-Bueno se acabó la terapia- anunció al tiempo que se ponía de pie-¿tas mejor?
- No sé- titubeé.
- A ver ¿y qué es lo que te pasa?
-Siento que mi vida no tiene sentido- murmuré.
-¡Sonamos! Te pusiste metafísica.
-No Dear es que me siento como inútil…
-Chichí, todos te queremos, todos somos felices porque sabemos que estás ahí, que si extendemos la mano tú la vas a tomar, que si tenemos un problemas tú nos lo vas a solucionar, que si llamamos tú nos vas a contestar...
-Dear- dije con los ojos cuajados de lágrimas- ¿en serio? ¡Qué emoción…!
-O sea tu vida es estar ahí colgada al servicio de los demás… tipo bocina de avión, matafuegos, extinguidor- las carcajadas la doblaban y me contagió…-¡y además querés sentirte bien…! ¡Ilusa!, comprate un pasaje a Cancún, inscribite en un curso, hacé caridad... ¡finíshela! con lo de vivir al cuete.
-Macarena sos mi ídola- dije entre medio de las risas-voy a escribir una novela: “Mi vida es un extintor”.
-¡Ah sí!- un nuevo ataque de risa arreciaba en Macarena-pero cuidado porque está lleno de gas…y se podría decir que es una vida al pedo
-¡¡¡Dear qué grosera!!- salté escandalizada y mis carcajadas se unieron a las suyas y aventaron el bajón por la ventana.
Chichí