Con aroma a pino

 

Esta es la historia de un pinito llamado Eustaquio, que vivía en Uruguay, en un bosque de pinos altos, muy altos...él no era alto era del tamaño de un niño.

Cada mañana se despertaba y miraba las gotitas de rocío que brillaban entre sus agujas.

- Bien elegante estoy.- pensaba -Parece que estuviera cubierto de diamantes. Claro, como soy el más lindo del bosque el rocío me deja sus mejores gotas.

A su lado vivía un eucaliptus viejo, grande, lleno de arrugas en su corteza, que siempre le decía:-Eustaquio, tú sos muy joven y bien formado, y tus ramas tiene un lindo diseño y tus agujas un hermoso tono de verde...estás hecho para dar sombra, para sostener nidos...eso se nota.

-Pero ¿estás loco?, hago eso y los que se sientan bajo mi sombra me escriben el tronco y los nidos me tuercen las ramas. Yo soy lo más lindo del bosque, embellecer el lugar...ésa es mi tarea.

El eucaliptus sacudió su copa agitado por las dudas.

Fueron pasando los días y llegó el fin del año. A esa altura Eustaquio era el pino más bello de conjunto sin ninguna duda...así que cuando aparecieron los hombres en busca de árboles de Navidad al primero que talaron fue a Eustaquio. ¡Sí señor!

Luego lo subieron a un camión y lo llevaron a una tienda.

Allí estaba cuando lo compró una pareja muy alegre que tenía varios chicos que daban vueltas a su alrededor.

-Compra luces de colores- Y globos de vidrio- Y moños rojos...-Escuchaba decir a los niños que revoloteaban por el lugar.

- ¡Dios mío, me van a llenar de adornos!, ¡qué bello voy a quedar! – Lo pensaba y sus ramas se movían trémulas de emoción.

Eustaquio se sintió arrastrado, jalado, empujado y tironeado...hasta que lo  subieron a una inmensa camioneta y fue la primera vez que el pino, que iba apoyado contra la ventana de atrás, vio la ciudad -¡Bosque de hombres!-pensó.

Cuando llegaron a la casa lo bajaron y lo ubicaron en el living, cerca del ventanal. Casi enseguida comenzaron a sacar los adornos de los envoltorios y a ponerlos sobre él...cuando colocaron la estrella en lo más alto de su cabeza y enchufaron las guirnaldas de luces un silencio se extendió por la sala.

-Está divino!- dijo uno y Eustaquio se miró en el vidrio del ventanal y quedó como en suspenso ¡Maravilla! su propio reflejo lo encandilaba.

 -No existe gota de rocío comparable -pensó extasiado.

El día de Navidad la casa se llenó de gente, de luces, de aromas, de regalos. Los niños jugaban a resbalar en los pisos encerados y las luces de Eustaquio daban un tono muy especial al momento.

Luego, súbitamente y en una ráfaga roja, se vio cubierto de regalos, escuchó unas campanillas ¿o serían cascabeles? bueno un sonido alegre, una carcajada...se abrió la puerta que daba para el comedor y todos se precipitaron hacia él.

-¡Avalancha de amor!- pensó Eustaquio y sonrió desde las guirnaldas.

Una horas después estaba rodeado de envoltorios rotos, de copas semivacías, de platos con restos derretidos de helado, de cáscaras de nueces y de hormigas que trepaban por el Pan dulce. Eustaquio se sentía algo curioso.

-Nadie me miró, solamente a los regalos... Estas luces...se olvidaron de apagarlas y están muy calientes, me secan las hojas...Tengo sed-miró por el ventanal y vio grandes nubes de tormenta-¡Alguno que me lleve afuera que está por llover!- gritó a la casa dormida...

_Hay que sacar el pino de navidad para poner la decoración de fin de año-dijo alguien y Eustaquio se sintió arrastrado, jalado, empujado y tironeado...hasta que lo pusieron de pie en un rincón de un galpón. Por la ventana se veía el cielo así que Eustaquio se quedó mirando caer la lluvia, escuchándola repiquetear sobre el techo.

Y pasaron los días y las hojas se hicieron marrones y cayeron al suelo, y las ramas se inclinaron hacia el suelo y Eustaquio seguía mirando por la ventana, viendo el bosque allá en el horizonte y preguntándose -¿Qué será del eucaliptus?, nunca le hice caso, casi ni le escuchaba cuando me hablaba. ¡Qué cosa!

El ruido rechinante de la puerta del galpón frotando contra el suelo le sacó de sus cavilaciones. Un grupo de chicos entró corriendo, alborotando todo y levantando nubes de polvo.

-El pino de Navidad, ¡encontré el pino de navidad!- gritaba uno al tiempo que lo señalaba con el dedo.

-¡Perfecto!- dijo un hombre que venía entrando.

Al momento Eustaquio se vio otra vez arrastrado, tironeado, empujado, jalado. - Ah ya estaba cansado-suspiró-por fin algo diferente.

Lo arrimaron a una pared de piedra que estaba tan fría pero tan fría...¡helada, sí señor!

Luego abrieron la puerta y lo pusieron en la estufa, era una estufa muy antigua de una cocina muy grande, había una gran mesa, unos sillones en torno de la chimenea, olor a tocino, a orégano, unos quesos sobre la mesada y un mantel de cuadro sobre la mesa.

Arrimaron unas hojas secas y unas piñas a la base del tronco y la chispa que brotó del encendedor creó la primera llama que vaciló un poco y luego entró a crecer, y se hacía más rojiza, más alta, le salía como una lengua medio azul, resbalaba por una rama, alcanzaba otra y de ahí saltaba a una tercera...y cuando quiso acordar toda la cocina estaba iluminada con un suave resplandor rojo que provenía de Eustaquio.

La mujer repartió trozos de pan y de queso, se sentó en el sillón abrió un libro y se puso a leer en voz alta al tiempo que los chicos se sentaban en la alfombra, se acodaban en la mesa , se disponían a escuchar..

La llamas que brotaban en Eustaquio ponían luz en todos los ojos y calor en los cuerpos.

-¡Resplandezco!- si dijo Eustaquio maravillado- ¡Soy luz!- pensó y el solo pensamiento lo iluminó.

Trató de escuchar lo que leía la mujer pero algo raro le pasaba, sentía que se iba, que volaba- ¿Esto será consumirse?- pensó cuando comenzó a divisar las estrellas en el cielo. Cuando se enroscó en el poste de teléfonos se dio cuenta de que flotaba. Y justo ahí fue que sopló la brisa y lo elevó en el aire, una columna gris y perfumada que trazaba un diseño en el atardecer de invierno.

En el bosque todo era calma y quietud en aquella noche tan helada. El eucaliptus dormitaba en el suave mecerse de sus ramas cuando un aroma le despertó- ¡Humo!- se alarmó- ¿Fuego?- enderezó las hojas en un alerta total.

-Hola, soy yo- escuchó decir al humo- Eustaquio.

-Siempre haciendo cosas lindas- rió aliviado el eucaliptus- Contame en qué anduviste, cuales cosas viviste-le pidió.

Un suave aroma a pino impregnó el bosque a medida que el humo rodeaba al eucaliptus y la noche silenciosa se pobló de rumores y el frío se templó al calor de la historia de las aventuras de Eustaquio.