Gioconda

 

 

Un día estaba con mamá y Nonna, (que en realidad era tía abuela mía y se llamaba Gioconda Inés Arrieta), mirando fotos que sacábamos de una caja de lata cuando ellas comentaron algo, que no entendí, sobre la fecha de sus casamientos.

Mirando a Nonna le dije.- ¿Tú en qué año te casaste?, ¿porque las dos se casaron en la misma fecha, verdad?

-Sí- dijo mamá al tiempo que la tomaba de la mano- Jorge y yo nos casamos un 22 de mayo...y el tío Américo y Gioconda también- se miraron.

-Sí- dijo Gioconda a quien yo llamaba mi Nonna- era 22 de mayo...

Y por ahí quedó la cosa, y cada 22 de mayo cuando las dos ya eran viudas, yo le reglaba flores… un ramito a cada una.

 

Años después, cuando Nonna ya estaba muerta, vengo a enterarme de cómo eran las cosas.

Resulta que Giocondita, como le decían sus hermanos, formaba parte de un elenco teatral que recorría el interior del Uruguay, dando funciones en Montevideo, en Buenos Aires y también en Asunción.

Para ir a Asunción tomaban un barco de esos de rueda, uno que hoy está fondeado en el puerto de Buenos Aires y oficia de casino. En uno de los viajes a Paraguay y mientras iban remontando el río, faena ésta que tomaba varios días, Gioconda decidió que se volvería rubia. Tomó la botella de agua oxigenada y se empapó el cabello, luego se sentó en la cubierta al sol. Media hora después volvía a mojarse el cabello con la complicidad de Aída y las risas de María. En tanto que Santiago y Juan asistían al cambio llenos de curiosidad por los resultados. Como telón de fondo la voz de Rosita aconsejaba prudencia.

Carlos Brusa, el productor, opinó que era un paso hacia lo moderno, que Gioconda parecía una “rubia de New York”.

Para cuando llegaron a Asunción Giocondita deslumbraba al sol con su cabellera casi platinada, sus ojos negros, su perenne sonrisa… y bajó la pasarela sintiéndose Mata Hary.

Esa noche había lleno total en el teatro y el aplauso  duró tanto que debieron subir tres veces el telón.

Ya en el camerino y mientras quemaba un cucurucho de papel de diario sobre el mármol para hacer negro de humo y así  maquillar sus ojos, preguntó Aída algo juguetona: -¿Giocondita, te fijaste en el de la segunda fila?

-¿Yo?, no…- dijo ella y el rubor que la cubrió desmintió sus palabras.

-Porque no te quitaba la vista de encima-apuntó María al tiempo que se ajustaba el corsé.

-Macanas de ustedes-dijo ella con una media sonrisa en los labios con carmín.

Se oyeron unos golpes en la puerta y se escuchó la voz de Santiago-Apúrense muchachas que el de la tercera fila está  quedando como un poste ahí parado en la puerta de artistas.

Las carcajadas de los seis hermanos rebotaron entre los bastidores levantado polvo de las butacas de terciopelo rojo.

Giocondita no pudo comer ni un bocado, estaba sentada en la mesa del  Prefecto y resultó que no más llegar se vio cara a cara con el de la tercera fila.

-¿Me permite que le presente a Américo Zaffaroni?- decía el prefecto al tiempo que la sujetaba del codo y la acercaba a él- La actriz Gioconda Arrieta.

En el momento en que él decía “Encantado” y su mano tocaba la de ella encerrada en el guante de tul, sus ojos verdes claros, brillantes y con chispas doradas se encontraron con los de ella… negros profundos aterciopelados vivaces y misteriosos. Y  Giocondita ya no pudo comer porque solamente quería mirarlo, su mano no buscaba el tenedor sino el contacto cálido de aquella otra mano que por unos instantes trasmitió calor y ternura a la suya.

El resto de la temporada fue un torbellino entre noches de lleno total, pues todos querían ver a la belleza rubia…”francesa dicen que es” murmuraba el pueblo y Carlos Brusa sacaba partido de la situación, así que entrevistas en los periódicos, idas a la radio… y esos ojos verdes que le quitaban el sueño ponían ojeras en sus ojos negros aumentando más aún su aureola de misterio.

-Giocondita, nena, tenés que comer-Rosita se afanaba para que al menos bebiera una taza de leche.

-Dejala que está enamorada- se reía Aída- ¿no ves cómo le brillan los ojos?

-Estás más delgada, ayer vi que te ponías un alfiler en la pollera del segundo acto- Rosita se inclinaba sobre ella.

-¿Cuántos días nos quedan?-preguntó Gioconda levantando sus ojos negras  hacia la hermana… y ella vio angustia en ellos.

-Dos- dijo mustiamente.

Se tomaron las cuatro de la mano y quedaron sentadas, como tristes pues la partida implicaba  dejar atrás a Américo Zaffaroni y a sus inmensos ojos verdes…

-Gran noticia- Santiago y Juan irrumpían en el cuarto- es de Montevideo.

-¿Qué pasa?, ¿mamá está bien?, hablá, decí- lo sacudían de acá para allá.

-El es de Montevideo- ellas lo miraron sin entender-¿El?- dijeron y una luz se hizo -¿él?- saltaban y abrazaban a Gioconda.

-Contá, contá- rodearon al hermano que relató:- Lo seguimos y nos pusimos a charlar con él y resulta que está acá por trabajo, es visitador de una compañía farmacéutica y vino a presentar unos productos; pero vive en Montevideo, en la calle Salto, con su hermano casado, es soltero, hijo menor de familia italiana, tiene una hermana modista… y lo mejor de todo-dijo y se quedó mirándolas

-¡Qué!- gritaron ellas tirándole del faldón del saco mientras Juan, recostado a la pared, sombrero en mano, asistía risueño al acto.

-Que se toma el mismo barco que nosotros para regresar…parece que pasó algunos billetes para poder conseguir boleto- la miró a Giocondita-¿por qué será?

La función de despedida fue  con gente sentada en los pasillos, se decía que era el mayor éxito teatral que recordaba Asunción. Cuando callaron los aplausos y la compañía ya se encontraba en el banquete de despedida el cartel:

 

 De Las de Barranco de Florencio Sánchez

Por la compañía de Carlos Brusa

Con Rosa Arrieta

 

Bajaba de la marquesina del teatro y emprendía el camino al puerto… de regreso a Montevideo. Era noviembre de 1930

 

 

 

El 7 de marzo de 1941 murió Carlos Zaffaroni, hermano mayor de Américo. En la casa de la calle Bulevar Artigas se comenzaba con los arreglos para el funeral, las dos hijas estaban  a cargo y, sentadas en el salón, ordenaban y decidían qué hacer. Jorge, el hijo mayor, llegó desde la calle y las escuchó:

- Espero que Américo no se aparezca con ésa-decía Stella

-Por favor ¿cómo se te ocurre?, mire si va a venir con una actriz –la última palabra fue dicha casi como insulto por Carlota

-Bueno es que son más de 10 años que están de novios.

-Por favor, manteniendo una relación ilícita, sabiendo que papá es el gerente del banco más importante de la ciudad.- replicaba Carlota con fastidio.

-¿Y si se le ocurre traerla qué hacemos?

-Voy a dar orden a Agustín para que no la deje pasar de la puerta.

Jorge quedó helado con lo que escuchó, él sabía que Teté, como le decían los muchachos a Américo, vivía con alguien. Siempre llegaba los domingo a almorzar en familia y algunas veces sorprendió a su padre preguntándole.

-¿Venís de allá?- Y cuando él asentía con la cabeza fruncía el seño y agregaba -¿Cuándo va a poner las cosas en orden?

Al final la curiosidad de Jorge lo llevó a seguir a Américo y así descubrió que vivía con Gioconda, actriz de radio pues el teatro lo dejó por celos de él, en un apartamento de la calle Prudencio Vázquez y Vega.

Abrumado por la situación, y por el conflicto que las palabras de sus hermanas despertaron en él se recostó contra la puerta cancel y dejó caer la cabeza. En eso se abre la puerta de calle y entra Américo, turbado por la pena, ve a Jorge y lo abraza y ambos se confunden hermanados en el dolor.

Jorge se suelta del abrazo y lleva a su tío cruzando el salón y el escritorio hasta la sala donde yacía Carlos en su féretro, toma la mano de Américo que aún retenía entre las suyas y la pone sobre las manos heladas de Carlos… lo mira a los ojos y le dice:-¿Cuándo vas a poner las cosas en orden?

-Mañana mismo- dijo él con los inmensos ojos verdes llenos de lágrimas- y vos vas a ser el padrino.

El 22 de mayo de 1941 Américo y Gioconda se unían en matrimonio

Cuando la noticia llegó a oídos de las sobrinas supieron que tenían que hacer un té para presentarla en la familia… muchos rumores habían corrido diciendo que Américo andaba con una “loquita” una “mujerzuela de las tablas”, una tal Gioconda…¿qué hacer para no quedar en incómoda situación frente a las tías y primas?

Cuando llegó el momento de la presentación Stella tuvo una brillante idea.

-Está es la esposa de Américo, dijo al tiempo que entraba con ella en el gran salón de la casa de Sayago- se llama Inés.

Y nunca más se habló del asunto, fue como si no hubiese pasado…cómo fue que regresó a ser Gioconda y que su familia fue presentada a la nuestra y sin serlo se convirtió en mi Nonna no lo sé…ha de ser que el tiempo todo lo borra o que el terciopelo de sus ojos negros repartía caricias...o que el amor todo lo puede....