Una dulce gotita de agua

 

por Stella Maris Zaffaroni

 

La señorita Dulce era una gota de lluvia que, como suele suceder, vivía en una nube. Y como esa nube no tenía ganas de llover y solo quería viajar en ráfagas de viento, la vida de Dulce resultaba muy divertida.

Dulce era muy romántica, pasaba el día asomada mirando a la Tierra. Ponía mucho cuidado de no caerse.

-Si me caigo. Pensaba. La tierra me chupa y me tengo que quedar a vivir quietita en una planta. Puede resultar divertido ver el campo desde la corola perfumada de una flor, pero yo quiero viajar... ¡se ven cosas tan bonitas desde el Cielo.

Por ejemplo el amanecer, Dulce se levantaba tempranito, cuando el Cielo aún estaba negro, y se quedaba extasiada viéndolo cambiar de tono: primero aparece una raya en el horizonte que se va extendiendo hasta que queda todo pálido, casi blanco. Entonces empieza a teñirse de rosado, se va haciendo cada vez más intenso y aparece el Sol como una enorme bola de fuego que ilumina de rojo y oro a las nubes ¡Cómo le gustaba a la gotita recibir la caricia del Sol! Tanta era su alegría que su cuerpito de agua se vestía con los colores del arco iris.

En una época la nube vivió sobre el campo y Dulce pudo disfrutar del despertar de las flores que abren sus pétalos, escuchar el vibrante canto del gallo, ver el brillo del rocío sobre los pastos y reflejarse, redonda y blanca, en el arroyito. Un día vio pasar un tren y se estuvo riendo un rato ¡Se veía tan cómico desde el Cielo!... Esto sucedió cuando la nube iba camino a la ciudad  enganchada en una fresca brisa de verano.-Vaya que es lindo y colorido- pensó la gotita mirando entusiasmada los tejados rojos, los automóviles brillantes y ligeros, los niños de túnicas blancas, los raudos buses multicolores, la gente, los árboles, los jardines...tan entusiasmada estaba que casi se araña la nariz con un edificio altoooo que terminaba en una antena finita.

-Disculpe- dijo la gotita medio pálida del susto

Y el señor rascacielos le guiñó la chimenea, mientras le hacía adiós desde el malvón del piso 18.

La brisa dejó de soplar y  la nube quedó estacionada sobre la ciudad, ahí nomás...a unas cuadras del mar.

Dulce que lo espiaba de lejos, pensó que era una de las cosas más lindas que había visto hasta ahora.

-Si nos pudiéramos acercar un poquito más. Pensaba – Tiene un color tan lindo. Lo que más me gusta es cuando levanta esas olas  altas y blanquísimas.

Resulta que esa noche un ventarrón fuerte y algo grosero empujó a la nube para allá y quedó exactamente sobre el agua.

¡Ay Dulce estaba tan alborotada que no podía dormir!   Pasó  hora mirando los dibujos que hacía la Luna cuando se reflejaba en las olas...y esa noche se enamoró. Sí, se enamoró de una gota muy buen mozo que se llamaba Gotón Salado. La primera vez que lo vio venía muy elegante sobre la cresta de una ola. Dulce tuvo miedo de que se cayera yse ahogara, pero no, al joven Salado no le pasaban esas cosas...¡Y cuando rompió la ola! A Dulce se le estrujó el corazón.

_¿Qué pasa?- se decía- ¿Por qué tarda tanto en salir Se preguintaba cuando reapareció Salado alisándose los bigotes y... miró hacia la nube.

- Seguro que me vio- pensó la gotita y se le pusieron los cachetes colorados de la pura emoción..

La verdad: Salado la había visto y, lo que es más importante aún, le parció una gota hermosísima.

- La pucha – pensaba - ¡qué gotita tan linda, que cara de picarona tiene...como me gustaría darle un beso. Pero, tonto de mí, eso no lo puedo hacer, ¡ella tan alto y yo aquí abajo!.

Se acostó sobre las aguas y comenzó a hacerle caritas a Dulce.

¡Y la pobre Dulce sentía que todo le daba vueltas, se le ponía la cara roja y caliente, después blanca y transparente!

- Me está mirando – se decía – y que gestos chistosos me hace, me dan ganas de estar a su lado. ¡Ay si yo pudiera bajar! Solo que a la nube se le ocurra llover, de otra forma ¡no modo!

Suspiraba mirando para abajo mientras él suspiraba  mirando para arriba. Suspiro va suspiro viene se quedaron dormidos

Como a las muchas horas...bueno no tantas, un fuerte ruido sacudió toda la nube.

- ¡Ay mamá! – gritó Dulce - ¿qué fue eso que me asusté tanto.

- Tranquila nena, aprontá tu valija que la nube está por llover.

-Nos bajamos – pensó Dulce y el corazón comenzó a hacerle ¡Pum!, ¡pum! Arregló sus ropitas pensando solo en Gotón Salado.

- Seguro que me está esperando – se decía - ¿Se habrá despertado con el trueno?¿Y si no se despertó? ¿Y si se lo llevó la corriente?- sentía que se le ponía chiquitito el corazón por la pena.

Cuando llegó al mar, muy agarradita de la mano de mamá y papá,  se encontró con Gotón Salado.

Enseguida se hicieron inseparables. A los papás de Dulce  les gustó Salado y cuando fueron a conocer a sus papás se convirtieron en buenos amigos. La mamá de salado era muy divertida y cada vez que soltaba su risa llenaba la casa de burbujas de todos tamaños.

Ahora Dulce y Salado viven en el mar, se dejan arrastrar por las corrientes, les encanta correr carreras con los peces, juegan a la mancha con los calamares, al rango con las tortugas, se esconden en los caracoles y, en las noches de Luna llena, salen a pasear en ola allá bien arriba donde está la blanca espuma.